
Cada vino debe servirse a una determinada temperatura, que hay que respetar siempre. Si está demasiado caliente se altera el sabor; si está demasiado frío pierde su aroma. la temperatura de los vinos para entrés o para pescado entre los diez y doce grados; la de los vinos espumoso entre los cinco y ocho; la de los vinos para postre alrededor de los quince grados.
Los vinos para el asado se sirven siempre a temperatura ambiente; lo ideal sería llevarlos a la habitación donde se consumirán, por lo menos veinticuatro horas antes. Las botellas de vino, con excepción de los espumosos, no se abren en el momento de servirlos, sino al menos media hora e incluso una antes; sobre todo si el vino es viejo, el contacto con el aire- exalta sus mejores propiedades.
Para hacer bajar o subir la temperatura de los vinos, se usa el cubo de hielo o de agua tibia. El vino no hay que beberlo recién comprado, sino que se ha de dejar reposar al menos una semana en un sitio oscuro, a temperatura constantemente fresca. Con excepción de unos pocos casos, las botellas tiene que estar siempre echadas, pero se ponen de pie al menos una hora antes de servirlas, para que los sedimentos, si los hay, puedan posarse en el fondo.
Hay que tener mucho cuidado de no sacudir el vino durante el transporte o en el momento en que se escancia.
